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VIH y cannabis: ¿una terapia potencial o un negocio arriesgado?

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Autor Aleph One
10 abril 2024
¿Estás considerando usar cannabis para los síntomas del VIH? Descubre lo que dice la investigación sobre sus beneficios y riesgos.
10 abril 2024
13 min read
VIH y cannabis: ¿una terapia potencial o un negocio arriesgado?

Contenido:
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  • 1. ¿por qué las personas con vih usan cannabis?
  • 2. Beneficios y mecanismos subyacentes
  • 2. a. Propiedades antiinflamatorias
  • 2. b. Alivio del dolor neuropático
  • 2. c. Alivio de las náuseas
  • 2. d. Estimulación del apetito
  • 2. e. Mejora del estado de ánimo
  • 2. f. Mejor sueño
  • 2. g. Supresión de la actividad viral
  • 3. ¿más beneficios o más riesgos?
  • 3. a. Rendimiento neurocognitivo
  • 3. b. Adherencia al tratamiento
  • 4. Otros beneficios del cannabis en pacientes vih
  • 4. a. Reducción en el uso de opioides
  • 4. b. Mayor actividad física
  • 5. Cbd: una alternativa legal y no intoxicante
  • 6. Investigaciones en curso
  • 7. En conclusión

Hemos recorrido un largo camino desde la época en que un diagnóstico de VIH era prácticamente una sentencia de muerte. Ahora, con la llegada de la TAR, o terapia antirretroviral, las personas infectadas con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana pueden tener una vida larga, productiva, feliz y relativamente saludable, ya que los medicamentos disponibles ayudan a mantener la enfermedad bajo control.

Sin embargo, el panorama no es tan optimista para las personas que viven con VIH (en inglés, PLWH). La presencia del virus en el cuerpo, así como los efectos secundarios de los medicamentos antirretrovirales, pasan factura. Es aquí donde el cannabis, de todas las sustancias, podría ayudar, ya que distintos grupos de pacientes han utilizado tradicionalmente esta planta para abordar muchos de los síntomas que acompañan al VIH. Por otro lado, el uso de cannabis en el contexto del VIH genera inquietud en muchos profesionales médicos, ya que todavía se desconoce mucho sobre cómo influye el cannabis en la salud de las personas infectadas por VIH, cuáles pueden ser sus consecuencias a largo plazo y cómo interactúa con las terapias antivirales.

En este artículo, analizaremos las investigaciones científicas disponibles hasta hoy. Esperamos poder sacar conclusiones prácticas sobre los beneficios y riesgos del consumo de cannabis por personas con VIH.

¿Por qué las personas con VIH usan cannabis?

Como ocurre con otras enfermedades graves, como el cáncer o la esclerosis múltiple, los pacientes con VIH recurren al cannabis para aliviar diversos síntomas que les provocan sufrimiento, con la esperanza de que algo que les hace sentir tan bien también ayude a combatir el problema de fondo. Cuanto más estudiamos esta increíble planta, más pensamos que probablemente sea así y que el uso de cannabis podría tener beneficios mucho más allá del simple manejo de síntomas.

Sea como sea, los pacientes con VIH y SIDA fueron históricamente de los primeros en usar la marihuana medicinal y todavía la consumen a un ritmo mayor que la población general. Muchos hemos escuchado relatos de personas con VIH que han incorporado el cannabis a su estilo de vida; algunos incluso conocemos a pacientes en esta situación. La investigación científica confirma que el consumo de cannabis es común entre los grupos VIH positivos.

Un estudio realizado con pacientes VIH positivos de una gran clínica halló que hasta un tercio de ellos informó usar cannabis para el manejo de síntomas. Los beneficios más comúnmente reportados fueron:

 

Beneficios más reportados
Mejora del apetito 97%
Alivio del dolor muscular 94%
Alivio de náuseas 93%
Alivio de la ansiedad 93%
Alivio del dolor nervioso 90%
Alivio de la depresión 86%
Alivio de parestesias 85%

 

La advertencia es que una minoría significativa de encuestados (47%) afirmó que el uso de marihuana afectó negativamente su memoria.

Otro estudio evaluó el porcentaje de pacientes con VIH/SIDA que habían consumido marihuana durante el mes previo, encontrando tasas de hasta 23%. Los beneficios más reportados fueron:

  • Alivio de la ansiedad y/o depresión (57%)
  • Mejora del apetito (53%)
  • Aumento del placer (33%)
  • Alivio del dolor (28%)

Beneficios y mecanismos subyacentes

Algunos beneficios del consumo de cannabis reportados por pacientes con VIH son tan comunes y se han observado durante tantas décadas que prácticamente no hay dudas de su existencia. Además, los investigadores han comenzado a estudiar los posibles mecanismos subyacentes que hacen que el cannabis sea beneficioso, llegando incluso a identificar algunos. Analicémoslos en detalle.

 

Propiedades antiinflamatorias

La capacidad de los cannabinoides para disminuir la inflamación está bien documentada, y la inflamación juega un papel clave en muchas enfermedades, incluido el VIH. Lamentablemente, los pacientes con VIH desarrollan muchas otras enfermedades – enfermedades cardiovasculares, diabetes, cánceres – y en todas ellas la inflamación sistémica es fundamental. Los dos principales componentes del cannabis – THC y CBD – han sido estudiados desde hace tiempo como posibles inmunomoduladores, aunque la mayoría de los estudios se han realizado en cultivos celulares y con animales, y aún faltan datos de pruebas en humanos.

Un estudio encontró que la activación del receptor CB2 puede ayudar a reducir la propagación del VIH en el cuerpo. Los receptores CB2 están especialmente presentes en el intestino y son objetivo tanto de CBD como de THC. En un experimento con monos infectados con un virus similar al VIH tratados con THC, este principal compuesto psicoactivo de la marihuana redujo la gravedad de la enfermedad y mejoró la salud intestinal.

En personas con VIH, se ha vinculado el uso de cannabis con niveles más bajos de ciertas células y proteínas asociadas con la progresión del VIH y problemas de salud relacionados.

De todos los cannabinoides, los investigadores muestran especial interés por el CBD (cannabidiol), que no produce el subidón característico de la marihuana pero ha demostrado mucho potencial como medicamento. Se ha demostrado que este compuesto reduce la inflamación en células cerebrales infectadas por VIH. La neuroinflamación inducida por el VIH puede generar un “efecto dominó”, al activar las células infectadas en el cerebro, que luego replican y esparcen el virus al resto del cuerpo. El CBD interrumpe este proceso, reduce la inflamación y mantiene estas células inactivas.

En otro estudio con células humanas infectadas por VIH, también se halló que el CBD presentaba efectos antiinflamatorios. El mecanismo subyacente fue la reducción en la producción de ciertas citocinas y quimiocinas, compuestos que favorecen la inflamación. Para quienes quieran profundizar, el CBD también ayudó a desactivar una proteína llamada caspasa 1 y reducir la actividad del gen NLRP3, ambos relevantes en la inflamación. Además, el CBD disminuyó significativamente la presencia de VIH en las células.

Alivio del dolor neuropático

El dolor neuropático – que se experimenta como hormigueos, especialmente en manos y pies – es un síntoma muy común en el VIH. Puede ser consecuencia del daño causado por el propio virus o por los medicamentos usados para combatirlo. Este tipo de dolor puede impactar de manera dramática en la calidad de vida del paciente, por lo que se necesita con urgencia un remedio eficaz.

Hay tanto estudios con animales como en humanos que apuntan a la capacidad del cannabis y de sus componentes para combatir el dolor neuropático. Un estudio en ratas examinó la capacidad del CBD para aliviar el dolor y reducir la inflamación al mismo tiempo. El estudio encontró que administrar CBD a los roedores redujo la producción de varias sustancias proinflamatorias en sus cuerpos. Como consecuencia, también disminuyeron los niveles de dolor neuropático.

 

Ratas recibiendo tratamiento con CBD para aliviar dolor neuropático e inflamación.

La sensación de “hormigueo” es molesta, y el cannabis ayuda a eliminarla.
 

Otro estudio determinó el objetivo real de los compuestos del cannabis en su efecto analgésico. Generalmente, los cannabinoides actúan sobre receptores especiales – CB1 y CB2 – pero en experimentos con roedores, los investigadores hallaron que la capacidad de aliviar el dolor neuropático se debía a la activación de otro receptor llamado receptor de glicina α3.

Pasando a la investigación clínica en humanos, un estudio con pacientes con VIH y dolor neuropático halló que fumar cannabis reducía el dolor diario un 34%, frente al 17% con placebo. En otro estudio, el grupo que usó cannabis vio una reducción del 52% en el dolor por neuropatía sensorial asociada al VIH, frente al 24% en el grupo placebo. Estos descubrimientos, junto con numerosos testimonios, indican que el cannabis es una opción prometedora para pacientes con VIH y dolor neuropático.

Alivio de las náuseas

El cannabis se ha utilizado históricamente para combatir náuseas y vómitos, y en la era moderna, los primeros en adoptarlo fueron pacientes sometidos a quimioterapia o con náuseas por otras causas. En el VIH, las náuseas y los vómitos son un efecto secundario común de ciertos fármacos antivirales, específicamente los inhibidores de la proteasa, por lo que la acción antiemética del cannabis puede ser muy valiosa.

Lamentablemente, no se han estudiado específicamente los efectos antieméticos en pacientes con VIH, pero sí se han observado en investigaciones centradas en otros aspectos. Un estudio analizó el dronabinol, un equivalente sintético del THC, y mostró una disminución de las náuseas en pacientes con SIDA. Los investigadores sugieren que el cannabis puede ser una opción válida para quienes no responden a tratamientos anti-náuseas convencionales.

Sin embargo, pacientes con marihuana medicinal deben ser precavidos, ya que la sustancia puede jugarles una mala pasada. Recientemente, se han reportado más casos de Síndrome de Hiperémesis Cannabinoide (CHS). Es una reacción rara pero persistente al consumo de cannabis, en la que una persona comienza a vomitar tras su uso. Afecta a una minoría de consumidores diarios habituales, pero algunos pacientes médicos necesitan dosis grandes y continuas para aliviar su condición, con el riesgo de desarrollar CHS.

Estimulación del apetito

Otro efecto positivo bien conocido del cannabis, que parece hacerlo ideal para personas con VIH, es su capacidad de estimular el apetito. La falta de apetito y la pérdida de peso son problemas serios y pueden llevar al síndrome de desgaste por SIDA. Esta condición se presenta al perder más del 10% del peso corporal y tener diarrea o fiebre durante más de 30 días.

 

Persona disfrutando del cannabis para estimular el apetito y combatir la pérdida de peso.

La marihuana es famosa por su efecto “munchies” y estimular el apetito.
 

La terapia estándar para esta condición consiste en estimular el apetito del paciente, normalmente con un fármaco llamado acetato de megestrol (Megace). Entre los compuestos similares al cannabis, el único estudiado en este contexto es el dronabinol (Marinol), ya mencionado. Esta versión sintética de THC realmente mejoró el apetito en pacientes con SIDA, ayudando a mantener un peso corporal estable.

Aunque el dronabinol se toma por vía oral, algunos pacientes prefieren el cannabis natural: consumen la cantidad justa para aliviar síntomas y disfrutan del aumento de apetito como efecto secundario beneficioso. Esto llevó a investigaciones sobre la seguridad de ese comportamiento. Un pequeño estudio de 2000 descubrió que pacientes VIH positivos que fumaron marihuana durante 21 días no mostraron ningún aumento en el virus durante ese período. El autor sugirió que la marihuana medicinal podría utilizarse con éxito junto a otros medicamentos contra el desgaste.

 

Mejora del estado de ánimo

Aunque las propiedades euforizantes de la marihuana no son para todos (hay personas a las que les resultan desagradables), podría ser una buena opción para la mayoría, no solo en el VIH, sino en cualquier enfermedad crónica debilitante.

Aquellas personas a quienes el VIH llevó a desarrollar SIDA suelen experimentar sentimientos de duelo, ansiedad y depresión. Quienes usan marihuana para aliviar síntomas físicos también suelen reportar una mejora en el ánimo. Un estudio reciente sobre Marinol halló que para pacientes con SIDA y cáncer, la euforia era un efecto secundario deseado.

Mejor sueño

Los efectos del cannabis sobre el sueño son controvertidos. Sin duda, muchas variedades de marihuana ayudan a dormir, pero existe la preocupación sobre posibles daños a largo plazo en la calidad del sueño. En efecto, uno de los síntomas más comunes al dejar el cannabis es la dificultad para dormir o insomnio. Sin embargo, un buen descanso garantizado por el cannabis, aunque implique problemas futuros, puede ser muy valioso para personas con condiciones debilitantes como el VIH. No sorprende que muchos pacientes VIH reporten su uso con el fin de mejorar el sueño.

Una encuesta a gran escala halló que quienes consumieron cannabis para dormir se sintieron más descansados y funcionales en la mañana comparados con quienes usaban medicamentos convencionales o ninguno. También reportaron menos dolores de cabeza y menos náuseas. Sin embargo, respecto a otros sedantes, el cannabis a menudo les causó más somnolencia, ansiedad e irritabilidad al día siguiente.

Otro estudio con pacientes VIH con insomnio o trastornos del sueño halló que el 71% presentó mejoría en el descanso tras usar cannabis medicinal. Además, el 39% logró reducir o suspender fármacos para dormir. Solo el 21% reportó efectos adversos, pero ninguno fue suficiente para dejar de consumir cannabis.

 

Pacientes con VIH experimentando mejor calidad de sueño después de usar cannabis medicinal.

Los efectos del cannabis sobre el sueño son controvertidos, pero prometedores.

Supresión de la actividad viral

Es frecuente en la investigación sobre cannabis primero comprobar si la planta sirve para aliviar síntomas y luego descubrir que puede ir al núcleo del problema y ayudar a tratar la enfermedad en sí. En el caso del VIH, la gran pregunta es si el cannabis puede suprimir la acción del virus.

Un estudio con personas bajo tratamiento antirretroviral halló que quienes también consumían cannabis experimentaban una mayor reducción del ADN del VIH. Dicho descenso se refiere a la disminución del material genético viral en el cuerpo, un marcador clave de la eficacia de la terapia.

Otro estudio analizó el consumo intensivo de cannabis en pacientes VIH en terapia antirretroviral y encontró una reducción en la frecuencia de células inmunitarias activadas e inflamatorias en quienes consumían mucho, lo que sugiere que el cannabis podría ayudar a reducir la inflamación e inmunoactivación durante la TAR.

¿Más beneficios o más riesgos?

Mientras que algunos efectos del cannabis en pacientes VIH (ver arriba) se estudian como potencialmente beneficiosos, otros generan preocupaciones. Sin embargo, incluso aquí puede haber sorpresas y, en vez de riesgos, consumidores de marihuana con VIH podrían hallar alivio.

Rendimiento neurocognitivo

Una gran inquietud en personas con VIH es el deterioro de la función cerebral, especialmente con la edad. El virus es reconocido por causar inflamación y daño neuronal, y dado que la esperanza de vida de los pacientes VIH se compara hoy con la de la población general, este daño se agrava con los años.

Es sabido que bajo los efectos del cannabis, la función cerebral disminuye en aspectos como atención y memoria. En consumidores habituales, el deterioro puede observarse incluso entre consumos. Algunos datos también sugieren que si se inicia su uso muy joven, en la adolescencia, hasta puede afectar el coeficiente intelectual.

Se podría pensar que en personas con VIH el efecto sería aún peor, pero posiblemente no sea así. Un estudio que estudió la relación entre consumo de cannabis y deterioro neurocognitivo en pacientes VIH halló que la sustancia tiene más bien un efecto neuroprotector. Los investigadores incluso sugieren que esto es gracias a las propiedades antiinflamatorias del cannabis.

Otro estudio publicado en 2021 sobre consumidores habituales de cannabis con VIH halló un mejor rendimiento cognitivo en quienes habían padecido CUD (trastorno por uso de cannabis). Mostraron resultados significativamente mejores que aquellos sin historial de consumo, en pruebas de velocidad de procesamiento, aprendizaje visual, memoria y habilidades motoras.

En resumen, al igual que con usuarios mayores, el cerebro de los pacientes VIH parece beneficiarse del cannabis, tanto en uso medicinal como recreativo. No obstante, estos efectos aún no se comprenden completamente y se necesita más investigación para determinar riesgos y beneficios en esta población.

 

Pruebas cognitivas que muestran mejor rendimiento en pacientes VIH que usan cannabis.

El deterioro cognitivo en pacientes con VIH es un tema preocupante.

Adherencia al tratamiento

Otra inquietud central es si el consumo de cannabis interfiere con la disciplina y regularidad en la toma de medicamentos de la TAR. Un estudio específico alimentó esta preocupación al mostrar que pacientes mayores que usaban cannabis cumplían peor el tratamiento que quienes no lo usaban.

Sin embargo, los datos disponibles son contradictorios. Otro estudio publicado en 2017 halló que el consumo de cannabis de alta intensidad no implicaba menor adherencia a la TAR, salvo cuando los pacientes combinaban cannabis y consumo excesivo de alcohol. Otro estudio de 2005 concluyó que los pacientes con VIH mostraban mayor adherencia si usaban cannabis por náuseas, y menor si lo hacían por otro motivo o recreativamente.

En resumen, la relación es muy compleja y puede variar según varios factores, lo que justifica más investigaciones. Sea como sea, los pacientes VIH deben recordar la importancia de seguir su terapia antiviral, ya que el desenlace de su condición a largo plazo depende de ello.

Otros beneficios del cannabis en pacientes VIH

Todavía queda mucho por conocer sobre la interacción entre el cannabis, los síntomas del VIH y el virus, pero la evidencia disponible sugiere aún más beneficios de los ya descritos. Aquí algunos ejemplos:

Reducción en el uso de opioides

Una y otra vez se ha demostrado que la marihuana medicinal es una alternativa a los analgésicos opioides y mucho más segura. Un estudio que lo confirma, publicado en enero de 2018, demostró que los pacientes VIH con dolor crónico que consumen cannabis tienen menos probabilidades de usar medicamentos fentipoídeos, los cuales suponen mayor potencial de abuso y riesgo de sobredosis fatal.

 

Mayor actividad física

El ejercicio físico es importante tanto para personas sanas como para quienes viven con una enfermedad crónica, por lo que cualquier ayuda para que los pacientes se ejerciten más y de forma regular debe analizarse. Un estudio de 2023 analizó la relación entre consumo de sustancias y actividad física en personas con VIH, dolor crónico y depresión. El estudio encontró que los usuarios de cannabis reportaron realizar actividad física más vigorosa que los no consumidores, posiblemente por el alivio del dolor. Así, al fomentar el ejercicio, el cannabis podría mejorar la salud general y el bienestar de los pacientes con VIH.

 

Pacientes con VIH realizando actividad física, posiblemente favorecida por el consumo de cannabis.

El ejercicio es importante para todos, incluidos quienes viven con VIH.

CBD: una alternativa legal y no intoxicante

Quizá hayas notado que en los estudios mencionados arriba, una sustancia del cannabis, el cannabidiol (CBD), fue la más investigada. Esto se debe sobre todo a su naturaleza no psicoactiva, que llama la atención de profesionales sanitarios. Otra ventaja del CBD sobre el THC o el cannabis completo es que ahora es legal en muchos lugares. Gracias a ello, los pacientes VIH que no desean colocarse, tienen reparos legales o simplemente prejuicios contra el cannabis, suelen usar CBD, que puede tomarse en formas como gomitas, aceites o cremas.

El CBD puede ofrecer un leve alivio del dolor, reducir náuseas y disminuir la inflamación en el cuerpo, pero no parece combatir la infección VIH de fondo. Además, hay otros puntos a considerar. El CBD puede ser legal, no psicoactivo y sin efectos adversos serios, pero hasta ahora ningún medicamento a base de CBD está aprobado por la FDA para VIH ni SIDA, y la interacción del CBD con los fármacos de la TAR ha sido escasamente estudiada.

Recomendamos que toda persona VIH que desee experimentar con cannabidiol comience con bajas dosis e incremente de forma gradual según necesidad.

Investigaciones en curso

Durante la era de la prohibición, el cannabis se estudiaba principalmente por el daño y los supuestos riesgos sociales, pero solo en las últimas décadas la ciencia se ha centrado en su potencial uso terapéutico. Actualmente, esta tendencia sigue creciendo, también en el campo del VIH.

Un próximo estudio analizará la salud cardiovascular de pacientes VIH que consumen cannabis. Cardiólogos compararán la presencia de THC y CBD en sangre y orina, y estos datos con la función y estructura cardíaca por RM. El foco principal será la evaluación de la inflamación, factor clave en enfermedades cardíacas.

Otro estudio de la Universidad de Florida hará seguimiento durante 5 años a 400 usuarios VIH positivos de marihuana medicinal, monitorizando frecuencia y cantidad de consumo, así como la composición cannabinoide de su medicina. Estos resultados se compararán con el manejo de síntomas, buscando además comprender cómo el cannabis afecta funciones cognitivas en personas con VIH.

 

Investigadores estudiando los efectos del cannabis en las funciones cognitivas de pacientes con VIH.

Por suerte, la investigación sobre marihuana medicinal y VIH continúa.
 

Mientras tanto, investigadores de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Misisipi han recibido financiación para estudiar el potencial antiinflamatorio y analgésico del cannabis en personas con VIH. Su meta es identificar cannabinoides individuales que ofrezcan alivio sin potencial adictivo.

En conclusión

Basándonos en lo ya conocido, el cannabis ha demostrado ser una medicina prometedora que puede beneficiar a las personas que viven con VIH. Sus posibles ventajas van más allá del manejo de síntomas como inflamación, dolor, mal sueño o apetito, ansiedad y depresión. Los datos disponibles sugieren incluso más formas en las que el cannabis puede mejorar la calidad de vida de los pacientes, reducir la dependencia de medicamentos peligrosos e incluso atenuar los efectos perjudiciales del virus.

Quienes vivan en lugares donde la marihuana medicinal es legal y accesible deberían considerarla como una opción de tratamiento y consultarlo con su médico. Aunque persisten preocupaciones sobre posibles riesgos, incluidos los de largo plazo, cabe esperar que la investigación en curso pronto esclarezca más puntos y explique mejor la relación entre cannabis y VIH.

 



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